11 de abril de 2010

Sueños

Tumbado en la cama, soportando mi peso o soportando el suyo. No aguanto más y caigo rendido. Cierro los ojos.

Abro los ojos. Es una barca, y conmigo está Caronte. No mires al agua, me dice. La Laguna Estigia. Asomo ligeramente por el borde de la barca y veo el fondo de la laguna. Es blanquecino, salvo con un círculo verdoso en el centro, que a su vez contiene otro círculo concéntrico. Una perla negra, oscura y brillante. Me siento atraida por ella, como un ojo que te mira fíjamente, sin parpadear; mirada cautiva. Las ánimas nadan en el agua. Yo me acerco más a ellas.

Las ánimas se me abalanzan encima y me arrastran al agua. Inmovilizado, observo hacia la superficie, viendo a Caronte indiferente. Me van arrastrando hasta el fondo de las gélidas aguas, sin poder resisitirme. Voy cerrando los ojos lentamente.

Abro los ojos. Estoy sentado en el suelo. Sigo sin poder moverme. Una camisa de fuerza me ciñe. Trato de librarme en vano de la albina pitón que me enrolla. Estoy en una sala completamente lisa y blanca. No hay puertas ni ventanas. Solo un falso techo con lámparas fluorescentes. Suena algo de fondo. Money For Nothing de Dire Straits. Trato de moverme. Me golpeo contra el suelo y voy quedando inconsciente. Lo último que veo son unas palabras escritas en el suelo: Delenda est fraternitas.

¡Jamás! Ese grito me devuelve a mi lecho. Nunca un despertar había sido tan ansiado.

1 comentario:

Samantha Conus dijo...

Pero todo ha pasado ya :)